ANTES DEL QUEBRANTAMIENTO

 

Por Charles Spurgeon

“Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo, pero a la gloria precede la humildad”. Proverbios 18:12  LBLA.

Se suele decir que “los acontecimientos futuros proyectan sus sombras delante de ellos”. El sabio nos enseña aquí que un corazón soberbio es presagio profético del mal. La soberbia es signo tan seguro de destrucción, como el cambio del mercurio en el barómetro lo es de la lluvia; aunque el primer signo es más infalible que el segundo. Cuando los hombres se muestran soberbios siempre los alcanza la destrucción. Dejemos que el dolorido corazón de David muestre que hay un eclipse en la gloria del hombre cuando este piensa en su propia grandeza. 2 Samuel 24:10. Mira a Nabucodonosor, el poderoso edificador de Babilonia arrastrándose sobre la tierra, “comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves.”. Daniel 4:33. LBLA. La soberbia hizo del fanfarrón una bestia, como en una ocasión anterior hizo de un ángel un demonio. Dios odia a los altivos y nunca deja de humillarlos. Todas las flechas de Dios apuntan hacia los corazones soberbios.

¡Oh!, cristiano, ¿se muestra soberbio tu corazón? Averígualo, porque la altivez puede entrar en el corazón del cristiano como entra en el pecador, y puede engañarlo con la ilusión de que es “rico, y está muy enriquecido y no tiene necesidad de ninguna cosa”. ¿Te estás gloriando en tus dones y talentos? ¿Estás orgulloso de ti mismo porque has tenido notables éxitos y gratas experiencias? Te advierto, lector, que también sobre ti viene el quebrantamiento. Las vistosas adormideras de tu arrogancia serán extirpadas de raíz; tus efímeras gracias se marchitarán con el ardiente calor y tu suficiencia propia llegará a ser como basura para el muladar. Si nos olvidamos de vivir al pie de la cruz en profunda humildad de espíritu, Dios no se olvidará de hacernos sufrir bajo su vara. Quebrantamiento vendrá sobre ti, ¡oh!, indebidamente exaltado creyente: el quebrantamiento de tus goces y comodidades, aunque tu alma no sea quebrantada. Por lo tanto, “el que se gloría, gloríese en el Señor”.

Deja un comentario