HAY ESPERANZA

 

Tomado del libro “Cuando hemos fracasado — ¿qué sigue?” por K.P. Yohannan

Robert Robinson vivió en el siglo dieciocho. Convertido a través de la predicación  de George White!eld, él mismo llegó a ser un ministro metodista, quien escribió el himno famoso “Ven, Fuente de toda bendición”. Es probable que usted recuerde las estrofas:

Ven, Fuente de toda bendición,

Entona mi corazón para que cante Tu gracia;

Arroyos de misericordia sin cesar,

Llaman por cantos de sonora alabanza.

En sus últimos años, Robinson se apartó de la fe para seguir los placeres de este mundo.

Mientras viajaba en un carruaje durante este tiempo, se sentó al lado de una mujer profundamente fascinada por el libro que ella estaba leyendo. Cuando leyó una de las estrofas que consideró especialmente hermosa, se le volvió a Robinson y dijo, “Estoy leyendo algo maravilloso. ¿Qué piensa de esto?” Esto fue lo que leyó: “Tiendo a descarriarme, Dios, lo siento, Tiendo a irme del Dios que amo”.

Ella no tenía ninguna idea que estaba sentada al lado del mismo hombre que había escrito esas palabras años atrás.

Al recordarse del himno y del hombre que antes era, Robinson se desmoronó. Con lágrimas le contestó, “Señora, yo soy el pobre infeliz quien compuso ese himno hace muchos años. Daría mil mundos, si los tuviera, para disfrutar del gozo que tenía por aquel entonces.”

A través de este encuentro Robinson fue traído de regreso a las manos extendidas de su Dios cariñoso. Esta historia de restauración al final del sinuoso camino sinuoso del pecado no es ni la primera, ni tampoco será la última. Desde el principio del tiempo, la historia ha demostrado que hay esperanza para aquél que ha caído.

Deja un comentario