IDEOLOGÍA DE GÉNERO: UNA LÓGICA FALLIDA

A pocos días de comenzar las clases, el Ministerio de Educación aceptó el ingreso de Arlén Aliaga al emblemático liceo de mujeres “Javiera Carrera”. Este joven venía solicitando su ingreso ya que no se identifica con el sexo masculino, sino que con el femenino.
Originalmente, la dirección del Liceo 1 rechazó la matrícula. Pero las presiones políticas del lobby LGTBI lograron que este joven fuera aceptado en el liceo de mujeres.
Esta es otra victoria que se anota la ideología de género, la cuál ya está instalándose en nuestro país y en especial en el área de la educación.
¿Qué postula la ideología de género? Postula que las diferencias de hombre y mujer no son naturales, sino culturales. Y de pasadita, estas diferencias culturales son el resultado de una dramática represión machista que se debe eliminar.
La ideología de género enseña que la identidad sexual no es un hecho natural, y tampoco innato en la psicología femenina o masculina. Para sus proponentes, el género no es natural, no está determinado por el nacimiento o la biología, sino que es una construcción cultural. La identidad sexual sería la consecuencia de la libre voluntad del individuo quien elige el género que más le acomode. Es el deseo, o “profundo sentimiento” de la persona de acuerdo a como se defina o auto-perciba (Rom. 12:1-2)
Bajo este paradigma dualista y dicotómico (y anti-bíblico), el sexo está en el campo exclusivo de la biología, mientras que el género se mueve en las esferas de lo cultural y social (Rom. 7:17-20)
Así las cosas, si una persona “siente” que su género es distinto a su sexo tendrá la sensación de estar encerrado en un cuerpo con el que no se identifica ni lo siente como propio. El cuerpo pasa a ser una cárcel en la que está encerrada la persona. Así, un hombre puede estar encerrado en un cuerpo de mujer, y una mujer puede estar encerrada en un cuerpo de hombre. ¿No le parece curioso lo que Pablo dice respecto de estar atado a un cuerpo de muerte? (Rom. 7:24)
La ideología de género no solo niega la biología. Sino que también busca superponerse sobre el dato científico (biológico, anatómico, fisiológico, genético etc.) y someterlo al libre arbitrio del individuo (Rom. 8:7-8) Como dijo Judith Butler: “se puede ser mujer con un cuerpo de hombre, y se puede ser hombre con un cuerpo de mujer”
Y sobre esta falsa base ideológica, se puede reasignar un nuevo sexo en la persona a través de medios quirúrgicos, o cualquier otra técnica que sirva a los fines buscados. De ahí los distintos tipos de tratamientos médicos, sicológicos y estéticos que buscan “corregir” y adaptar el cuerpo a la percepción de género que tenga la persona de sí misma (Stgo. 3:2, 6).
Tal es el caso de Shiloh Jolie Pitt, hija de los actores Angelina Jolie y Brad Pitt. Quien, a la edad de 11 años, comenzó un tratamiento hormonal para “frenar” el proceso biológico de ser mujer, con el fin de transformarse en “hombre” (Fil. 1:20)
Muchos miran esta práctica de reasignación de sexo como el surgimiento de una nueva institución que viene a satisfacer una necesidad fundamental en el individuo, y a la vez como un triunfo de la ciencia que está al servicio de la sociedad y del bien común. No obstante, esta falacia puede ser rápidamente descubierta, y fácilmente desarticulada.
Una de las estrategias que buscan despertar simpatía, y sensibilizar a la población hacia la ideología de género, es recurrir a la típica historia de: “Yo era una mujer prisionera dentro de un cuerpo de hombre”. Además de ser una frase que raya en lo patológico, también evidencia un pobre platonismo trasnochado (Ef. 5:29)
Pero, siguiendo el juego y admitiendo el argumento, proyectemos el mismo razonamiento a otras condiciones y realidades humanas, e imaginemos que alguien se presenta en la oficina de inmigración en Estados Unidos y le dice al funcionario de turno: “Hola, soy un norteamericano encerrado en un cuerpo de chileno, y ahora exijo mi nacionalidad estadounidense”.
Siendo que está fuera de toda discusión que tanto la cultura chilena como la norteamericana también son construcciones culturales y sociales, ¿Debe entonces el gobierno de Estados Unidos darle su pasaporte a este “trans-norteamericano” que exige su derecho?
Obviamente que nadie del servicio de inmigración tomará en serio a este chilenito que quiere pasarse de listo. ¿Por qué? Porque detrás de la nacionalidad hay realidades objetivas y naturales que deben demostrarse, no basta con apelar a sentimientos y deseos subjetivos. Y el mayor problema de la ideología de género es que exige que los sentimientos se transformen en “derechos”.
El “bus de la libertad”, cuyas frases causaron escozor a muchos, ha logrado visibilizar en distintas partes del mundo las reales intenciones del lobby LGTBI. Los cuales han salido en “defensa” del supuesto derecho de los niños “trans”, para que “libremente” decidan su género, y se les reconozca la facultad de reasignar su sexo en conformidad a como ellos lo estimen libremente.
Pero, en lugar de convencer a la opinión pública, surgen y se agregan más dudas al respecto. Por ejemplo, ¿Qué pasaría si un niño “descubre” que es un “trans-animal”, o un “trans-superhéroe”? ¿Seriamos lo suficientemente democráticos y tolerantes para reconocer su nueva especie, o nueva identidad? (Prov. 26:4-5)
Pero pasemos a algo más cotidiano, y sin salirnos del terreno de las construcciones culturales y sociales. Suponga que el niño no desea ir más al colegio y no quiere volver a estudiar ¿Cree Ud. Que los padres aceptarían y respetarían la decisión del niño?, ¿Acaso la educación y el proceso educativo no es una construcción cultural y social también? Entonces, ¿Por qué los padres sí podemos conminar y obligar a los hijos para que sigan estudiando, pero no podemos exigirles que asuman un comportamiento masculino (para el caso de que sea hombre), o femenino (para el caso de que sea mujer)?, ¿Acaso los órganos sexuales del niño son más “culturales” que su misma escolarización? (Rom. 12:1)
Llevando al extremo la lógica utilizada por los teóricos de la ideología de género, ¿Acaso un abusador de mujeres debe ser enviado a un centro de reclusión femenina porque se declaró mujer antes de que lo condenaran? Y si repentinamente un violador “descubre” que posee un género femenino ¿deberíamos dejarlo entrar al baño de mujeres?
La insensatez y los disparatado no tiene límites. No obstante, subyace la falacia de que desmembrando o modificando los genitales, inmediatamente mutamos la esencia y existencia más profunda de la persona. (1 Cor. 6:20; 1 Tes. 5:23)
Esta idea anda rampando hace mucho tiempo, y especialmente en algunos círculos feministas que se destacan por un fuerte rechazo hacia todo lo que implique masculinidad. Las cuales, muchas veces emiten virulentos mensajes de odio hacia la sexualidad del hombre. Frases como “muera el heteropatriarcado opresor falocéntrico”, o “No al gobierno del falo” eran muy comunes en la marcha de las “Ni una Menos” (Apoc. 2:20)
Detrás de todas estas expresiones permanece la idea de que los grandes problemas sociales tienen su raíz en la diferenciación genital de hombres y mujeres, por lo tanto la solución a todas las grandes injusticias de la “opresión machista, patriarcal y cristiana”, pasaría por implantar o amputar órganos sexuales.
La ideología de género muestra la más aterradora “filosofía”, junto a una supina ignorancia antropológica, al afirmar que los seres humanos somos “neutros”, donde si le implantamos un “falo” lo transformamos en hombre, y si se lo amputamos lo cambiamos en mujer; o si le ponemos busto, es femenino, y si se los quitamos, lo hacemos nuevamente masculino (Fil. 3:2). El apóstol Pablo ya nos había advertido de esta necedad (Rom. 1:22)
Según esta ideología, todas las distinciones y diferencias naturales entre hombre y mujer, por muy sublimes y exquisitas que sean (estéticas, cerebrales, metabólicas, psicológicas, emocionales, comunicacionales, genéticas, espirituales etc.) deben ser ignoradas y despreciadas de cuajo (Rom. 1:26-27).
¿Por qué? Porque estos ideólogos de la mentira, estos enemigos de la libertad, saben muy bien que no se pueden intervenir quirúrgicamente los miles de millones de cromosomas y ADN que Dios imprimió en la naturaleza humana, los cuales nos hacen exclusiva e irreversiblemente un hombre o una mujer (Sal. 100:3)
Esta es la nueva antropología del reino del mal, y es la que está permeando de manera virulenta y agresiva los medios de comunicación, los proyectos de ley del congreso, los instructivos de las municipalidades, y el curriculum escolar que le van a imponer a tu hijo (1 Tim. 4:1).
Ruego a Dios, que miles de chilenos abran los ojos, y nos levantemos en contra de esta ideología que quiere arrebatar nuestros hijos, y someterlos a la peor dictadura que se ha levantado hasta el momento, la dictadura del lobby LGTBI (1 Tim. 6:3-5)

REV. WALTER VEGA GARRIDO, V.D.M.

Deja un comentario