JAIR BOLSONARO: ¿QUÉ PODEMOS APRENDER?

El candidato evangélico Jair Bolsonaro ha ganado las elecciones presidenciales en Brasil con nada menos que el 55% de los votos, superando a su opositor Fernando Haddad con una diferencia del 10%. Haddad solo obtuvo el 44% de votos.
¿Cómo, otro milagro electoral? Al parecer sí, pero no para todos. La prensa progresista no ha parado su campaña del terror refiriéndose a Bolsonaro como el nuevo “Donald Trump” brasilero, como un político de “extrema derecha”, y promotor de un discurso de odio que supo conquistar al electorado carioca. Lo extraño, es que ningún medio calificó a Haddad como un candidato de “extrema-izquierda”, siendo que era el candidato de un partido de inspiración comunista, y simpatizante de las dictaduras de Cuba y Venezuela.
El problema es que fue el pueblo, sí el “pueblo brasileño” (con todas sus letras) quién eligió a Bolsonaro y desechó a Haddad (discípulo de Lula).
Pudiera ser que el pueblo brasilero votó por Jair Bolsonaro porque, al igual que el electorado norteamericano, se cansó de los dulces cantos de sirena del progresismo de izquierda. Pero como reza el dicho: “la gallada no es tonta”. Por más que la izquierda se esmere en convencer al pueblo brasilero de la impecabilidad e inocencia de Lula, las pruebas son concluyentes. Lula es corrupto. Recibió recursos económicos, y donaciones por parte de empresas trasnacionales que él mismo prometió combatir. La corrupción estaba en el ADN de los gobiernos de Lula y Dilma.
Por otro lado, los medios de comunicación progresistas no han entendido que calificar de “ultra-derecha” o “extrema-derecha”, a un candidato que no es de su gusto, jamás logrará el resultado deseado, al contrario, se generó el efecto boomerang en la ciudadanía.
Bolsonaro fue capaz de derrotar al “Goliat” brasilero, superando muchos escollos y complicaciones durante la campaña. Para comenzar, sus arcas estaban escuálidas. Por ejemplo, Haddad invirtió 8,3 millones de dólares. En cambio Bolsonaro solo alcanzó a invertir trescientos mil dólares. Haddad recibió todo el apoyo del aparataje público, donde los funcionarios de gobierno salieron en masa a trabajar en su campaña. Y aunque Bolsonaro solo trabajó con voluntarios, sin embargo, contaba con el apoyo de más del 70% de los evangélicos, y una cantidad considerable de católicos.
¿Por qué ese interés del mundo cristiano en apoyar a Bolsonaro? Porque a diferencia de lo que dicen los medios, Bolsonaro no es ni ultra, ni fascista, ni un extremista de derecha. Es un creyente consecuente con su fe evangélica, es decir, pro-vida, pro-matrimonio natural, pro-familia y poseedor de una cosmovisión cristiana. Como dijo en una oportunidad: “El estado puede ser secular, pero yo soy cristiano”. Y esto el Nuevo Orden Mundial no lo tolera, incluyendo la prensa progresista que no está acostumbrada que la contradigan.
A raíz de la experiencia de Bolsonaro en Brasil, podemos llegar a algunas conclusiones que nos podrían ser de mucha utilidad para el futuro político del pueblo evangélico.
En primer lugar, nuestra misión es buscar el bien de la ciudad (Jer. 29:7), es decir, debemos involucrarnos en los asuntos de la “polis”, sin embargo, nuestra mirada siempre debe estar en la trascendencia. No somos ciudadanos de este mundo sino del venidero.
En segundo lugar, nuestra participación en política no debe ser confundida con clericalizar la política. No fuimos llamados a “canutizar” la Moneda, el Congreso o el municipio. Nuestra baja autoestima y años de discriminación del pueblo evangélico, nos han hecho vulnerables a una especie de clientelismo político. Me explico, algunos candidatos establecen en sus programas políticos ciertos “compromisos con las iglesias evangélicas”. Lamentablemente esas promesas han terminado transformándose en favores y lealtades mal entendidas por parte algunos sectores del mundo evangélico, los cuales no han sido un buen testimonio para el mundo. Nuestra lealtad primera es con el Rey de reyes y Señor de señores, y aunque los políticos no cumplan sus promesas o programa de gobierno con nosotros, nuestra misión se mantendrá incólume, ya que nuestra recompensa viene del cielo (Lc. 6:35)
En tercer lugar, tenemos la oportunidad única para desmarcarnos de los paradigmas tradicionales de “derechas” e “izquierdas”, y presentarnos como una “tercera vía” original y viable en el campo de la política. La iglesia cristiana ha tenido una larga historia de reflexión social y política en la sociedad occidental. Tremendos hombres de Dios como San Agustín, Juan Calvino, Teodoro Beza, William Wilberforce, Groen Van Prinsterer, y el pastor Abraham Kuyper pueden sernos de mucha utilidad al tomarlos como referentes de consulta para proponer una vía “bíblico–evangélica” en el mundo de la política y el servicio público.
Y en cuarto lugar, ampliemos el debate y reflexionemos más allá del aborto, la ideología de género, o el matrimonio homosexual. La cosmovisión cristiana es una visión de la vida entera. Por lo tanto, nuestro Señor también nos exige que intervengamos en temas como la delincuencia, la pobreza, la inmigración, el terrorismo, la distribución del ingreso, salarios dignos, salud de calidad, creación de nuevas fuentes de trabajo etc. El Apóstol Pablo nos enseña que en Cristo todas las cosas deben ser reconciliadas (Col. 1:20)
En conclusión, el mundo cristiano evangélico tiene una misión muy grande por delante. Saber legitimarse con recursos propios ante las tremendas demandas sociales y amenazas políticas que se vienen por delante.
Dios nos ayude.

Rev. Walter Vega, V.D.M.
Egresado Derecho
Licenciado en ciencias teológicas y filosóficas
Master en Teología
ThDr. (c)

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