LA BENDICIÓN DE LAS ESPINAS

Por Nancy DeMoss de Wolgemuth

Hemos escuchado que debemos detenernos a oler las rosas, o tenemos un instinto para hacerlo, pero ¿alguna vez se te ha dicho que te detengas para apreciar las espinas?

1 de Tesalonicenses 5 dice: «Estad siempre gozosos… dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tes 5:16-18).

«Querido Dios, te he dado las gracias más de mil veces por mis flores pero ni una sola vez por mis espinas. Enséñame a valorar mis espinas; enséñame la gloria de la cruz que me ha tocado llevar. Muéstrame que me he acercado más a Ti a través de este camino de sufrimientos. Muéstrame que a través de mis lágrimas los colores de Tu arcoíris se ven más brillantes».

Gracias porque Tú no siempre remueves las espinas. Algunas veces permites que las soportemos y que caminemos por esos valles difíciles y oscuros en nuestras vidas. Sin embargo, te damos las gracias porque Tú puedes, en medio de esas espinas, darnos la perspectiva, la paz, el consuelo y la gracia, hecha a nuestra medida, exactamente como la necesitamos en medio de esa situación.

Señor, muchas de nosotras te hemos dado gracias por las rosas; te hemos dado las gracias por las cosas buenas. Sin embargo, nunca te hemos dado las gracias por las espinas, por las cosas difíciles. Gracias Señor, porque Tú puedes tornar nuestras espinas en una bendición.

Oh, Señor, oro para que todas aquellas personas que están luchando con espinas en sus vidas estén dispuestas, en un acto de fe, a decir, «Señor, gracias, te bendigo aun por las espinas». Oro en nombre de Jesús, amén.

GEORGE MATHESON

George Matheson era un predicador escocés del siglo XIX, conocido por su himno, «Amor que no me dejará».

Cuando él se encontraba al final de su adolescencia comenzó a perder la vista y, a la edad de 20 años, quedó completamente ciego. Cuando George Matheson se encontraba en este proceso de perder la vista, entendió lo que todos tenemos que aprender: Es muy fácil alabar a Dios cuando todo está bien, cuando disfrutas de buena salud y el sol está brillando, cuando tienes dinero en el banco y tu pareja está loca por ti, cuando tus hijos responden a tu liderazgo.

Pero él aprendió que es más fácil alabar a Dios cuando las cosas están bien que cuando las cosas están mal. En la medida que él perdía la vista luchó con eso por algunos meses (así como te puedes imaginar que lo haría cualquiera de nosotras); pero finalmente llegó al punto donde pudo orar esta oración que ha sido de tanta bendición y de tanta ayuda para muchos creyentes a través de los años. Él dijo:

«Querido Dios, nunca te he dado las gracias por mis espinas. Te he dado gracias mil veces por mis rosas, pero nunca por mis espinas. Muéstrame la gloria de la cruz que me ha tocado llevar. Enséñame a valorar mis espinas».

Es fácil agradecer a Dios por sus bondades, por sus bendiciones obvias. Pero no tan fácilmente, o de forma natural, tendemos a agradecer a Dios por nuestros problemas, nuestras angustias, tristezas y nuestras pruebas.

Quiero retarte, así como Dios me ha estado retando a mí, a que comiences a ver las espinas, las aflicciones, los dolores de cabeza, las angustias, los problemas, bajo una perspectiva totalmente diferente, desde la perspectiva de Dios, desde una perspectiva eterna. Entonces comenzarás a darle las gracias a Dios por ellas; a considerar esas espinas como bendiciones y a ver el propósito y la mano de Dios al traerlas a nuestras vidas.

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