NO SE TRAGUE EL CAMELLO

 

Tomado de  Bridges for Peace (Puentes para la Paz)

“¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!” (Mat.23:24). Esta es una aseveración hecha por Jesús. ¿Pero, qué quiso decir con esto?

Antes de poder determinar su significado, veamos el contexto entero del verso. Jesús hablaba a los escribas y fariseos quienes eran culpables de la “mala práctica” de la Ley y les pronunció siete “ayes” por sus incumplimientos.

El pasaje entero lee como sigue: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!” (Mat.23:23-24).

Los fariseos se enorgullecían por guardar la Ley al pie de la letra. De hecho, era tanto su orgullo, que se distinguían por adjudicarse una justicia propia. Ellos se preocupaban de tal manera por cumplir los pequeños detalles de la Ley, que se olvidaban de guardar lo más importante.

Como podemos observar en el pasaje anterior, Jesús les felicitaba por querer obedecer la Ley, aún por diezmar de las minúsculas especias. La ley del diezmo requería que se diezmara de todo lo que uno producía, y las especias parecían ser insignificantes al lado de productos mayores como lo eran las frutas, los vegetales y los granos. De hecho, se debatía si aún se debiera diezmar de las especias o no. De esta manera, los fariseos demostraban el grado al que se esmeraban por guardar la Ley, y de ir aún más allá de lo requerido. Jesús nunca desaprobó que guardaran toda la Ley, siendo que Él también la guardaba en su totalidad.

En una ocasión dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas, sino para cumplir[la]” (Mat. 5:17).

¿Por qué razón, entonces, Jesús los criticaba? Por la forma en que los escribas y los fariseos ponían en práctica esta Ley. Ellos la conocían y la enseñaban muy bien, pero fallaron en su manera de guardarla. Anterior a la declaración de las siete “ayes”, Jesús le dijo a la gente y a sus discípulos quienes lo escuchaban: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hacen” (Mat. 23:2-3).

Una de sus faltas consistía en ignorar las cosas más importantes de la Ley, tales como la justicia, la misericordia y la fe, mientras que se ofuscaban en mantener celosamente las cosas más minuciosas de ella. Habían perdido su perspectiva y erraron al blanco. Para enfatizar aún más su punto, Jesús comparó su práctica con las de “colar el mosquito y tragarse el camello”.

¿Pero, qué les quiso decir con esto?

La Ley judía prohibía comer ciertos alimentos por ser inmundos, entre los cuales estaban los insectos voladores (Lev. 11:20-23), y el mosquito era uno de los más pequeños de éstos.

Dios también había ordenado que una vez cayera una de éstas, u otra criatura, dentro de una vasija de barro, la vasija debería ser quebrada (Lev. 11:33). Por tal razón, cuando el jugo de las uvas exprimidas se echaba en vasijas de barro, se colaba con una tela para remover no tan sólo las semillas y la pulpa, sino también cualquier insecto volador que pudiera haber caído en el jugo de manera accidental. Los judíos literalmente colaban el jugo de uvas para evitar contaminarse con algún insecto y así desapercibidamente violar la Ley de Dios.

Por otro lado, uno de los animales inmundos más grandes era el camello.

“…el camello, porque rumia pero no tiene pezuña hendida, lo tendréis por inmundo” (Lev. 11:4). ¡Ningún judío o persona que guardaba la Ley de Dios pensaría jamás en comerse carne de camello!

Jesús  comparó la hipocresía de los fariseos con uno que meticulosamente se guardaba de no ingerir el mosquito pero que se comía la carne del camello. Aunque no se contaminaba con el mosquito, el comer carne de camello lo hacía culpable de haber desobedecido la Ley de cualquier manera. Era el todo o nada. Guardar la Ley en un punto pero quebrantarla en otro significaba quebrantar la ley en su totalidad.

¿No hemos sido todos culpables de esto en algún momento dado? Este es el mismo pecado que presentaban los fariseos. A eso se refería Jesús cuando habló de que muchos señalamos la “paja” en el ojo de nuestro hermano mientras ignoramos la “viga” que hay en nuestro propio ojo (Mat.7:3-5).

Cuando Jesús acusó a los fariseos de ser “guías ciegos,” les señalaba que no podían ver su verdadera condición interna, la que carecía de santidad contrario a lo que demostraban externamente. La práctica legalista, arrogante y auto-justificadora, ausente de toda compasión, alejaba las personas de lo que realmente constituía una vida recta delante de Dios, en vez de acercarlos a esta meta.

Quiero recalcar, no obstante, que no todos los escribas y fariseos eran culpables de colar el mosquito y tragarse el camello, de la misma manera que no todos los cristianos se pasan buscando la paja en el ojo del hermano. Cada uno debemos examinar nuestra propia vida delante del Señor y hacer los ajustes necesarios.

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