PERFECCIONADOS

Tenemos que ser humillados. Por tanto, Dios nos coloca en el fuego de la aflicción, en el crisol de la purificación. Él tiene solo un objetivo: Librarse de la escoria y refinar el oro. Pero en nuestra inmadurez escuchamos al diablo, refunfuñamos y nos quejamos. “¿Por qué me está sucediendo esto? Estoy tratando de ser un buen cristiano, miren a aquellos otros”. Espero que nunca volvamos a hablar así, cayendo víctimas de los engaños del diablo. ¿Acaso no puede ver usted que todo esto viene de Dios quien, como su Padre, está manifestando su amor por usted y revelando el gran propósito misericordioso y glorioso que tiene para usted? Su intención es perfeccionarlo, hasta que no tenga ni una “mancha ni arruga ni cosa semejante” (Ef. 5:27). Primero tiene que librarlo de mucha basura. —David Martyn Lloyd-Jones

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