VENEZUELA: DERECHO A REBELIÓN

 

Mi amada esposa padece cáncer, y a lo largo de todo el proceso he aprendido que con el cáncer no se negocia, se quema y se arranca de raíz: valga también para el tirano comunista Nicolás Maduro.
Es cierto, la Escritura nos llama a ser mansos, y nuestro Señor reprendió a Pedro por haber usado mal su espada: “los que a hierro matan a hierro mueren”
Nunca debemos empuñar la espada, salvo las excepciones que nos franquea la Biblia. Un antiguo catecismo protestante del siglo XVII lo explica bien, jamás debemos quitarle la vida a otro: “a no ser un caso de justicia pública, de guerra lícita o de defensa propia” (Preg. 136, Cat. Mayor Westminster)
Recordemos que el protestantismo no nació entre algodones. Fuimos perseguidos, torturados, y asesinados. Por ejemplo, un 24 de agosto de 1572 asesinaron a más de 70.000 evangélicos en Francia. Al final tuvimos que ir a la guerra para defender nuestra fe y nuestras familias.
Bajo esas circunstancias de horror y asesinato, los primeros protestantes se hicieron esta pregunta ¿Podemos defendernos de nuestros perseguidores y asesinos? ¿Es correcto que un pueblo tome las armas para detener el abuso y opresión de un tirano? Hablemos sin rodeos ¿Sería legítima una invasión o un pronunciamiento militar en Venezuela con el fin de parar el abuso y corrupción?
Si Cristo me constriñe a involucrarme con el que sufre y padece persecución (Mt. 25:34-40) ¿Qué puedo pensar cuando son millones los que están siendo abusados, torturados y sometidos a lo indecible en Venezuela?
¿Hasta donde es ético y bíblico limitarse a usar solamente la diplomacia y el diálogo que solo alargan el sufrimiento y abuso del tirano? ¿Va contra la Biblia levantar la voz a través del “megáfono” de los cañones y el silbido de los misiles?
No deseo pasar a llevar tus neuronas, ni ofender tu intelecto, pero creo que la respuesta es obvia.
Extraña circunstancia (mas no inédita en la historia) que la nación venezolana esté clamando por ayuda, auxilio, justicia, e incluso una intervención extranjera.
Uds. poderosos de la ONU, ¿No caen en cuenta que la nación de Venezuela ya no tiene Instituciones que cautelen los Derechos Humanos? ¿Por qué no leen la historia, quieren otra Cuba en Sudamérica? ¿Entienden que el pueblo fue anulado, la constitución violada, su economía desmantelada, la democracia manipulada, y los recursos del pueblo en manos de la peor rapiña?
No me malinterpreten, no le estoy pidiendo a la ONU una invasión (aunque se dan todos los elementos necesarios para una guerra justa) Sé muy bien que no lo harán ¿Por qué? Porque Chávez y Maduro, son el fruto de la ideología neo-marxista, la misma que controla a la ONU, OEA, y tantas otras agencias internacionales etc.
¿Acaso la Alta Comisionada de los DD.HH. (Michelle Bachelet), no entiende que en Venezuela hay una dictadura de la peor clase? Yo creo que lo sabe, pero su compromiso ideológico le impide ser compasiva con los oprimidos. Es cínica en sus declaraciones, mezquina en su proceder, inmoral en su discurso, e incompetente en su función. La vergüenza me embarga en estos momentos, y no me siento orgulloso de una mujer que luce con la ropa y el falso maquillaje que le presta la ONU (2 Reyes 9:30)
Pero surge un dilema: ¿Es legítimo que el pueblo haga uso de su derecho a resistencia? Tal como lo enseñaron San Agustín, Santo Tomás, Teodoro Beza, y Juan Altusio. Expresado de otra manera: ¿Es justo que una persona esclavizada luche por soltarse de sus cadenas? ¿Hay alguna otra opción? Creo que no.
En principio, el evangelio se opone a todo tipo de violencia física: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu” (Zac. 4:6) Somos pacíficos, pero no pacifistas. Nuestra lucha no es la paz por la paz, sino que buscamos la paz para que cada ser humano pueda alcanzar su mayor realización sobre la tierra, el bien común, su felicidad, y que la gloria de Dios llene la tierra. Y cuando la paz ya no puede establecerse por los medios ordinarios, entonces se hace necesario buscar la paz por medio de la rebelión. A esto los filósofos cristianos llamaron el “Derecho a Resistencia”: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech. 5:29)
Bajo las horribles circunstancias y condiciones en que se encuentra Venezuela, pienso que sería inmoral exigirle al pueblo de Venezuela que espere un gesto decente de Maduro (si es que alguna vez lo fue) Y tampoco creo que la ONU, ni ninguna organización internacional, tomarán las acciones necesarias para establecer el imperio del Derecho. Cuando el hambre y la miseria tocan a nuestros hijos, es deber bíblico de los padres extirpar el tejido canceroso. Venezuela, es tu deber recuperar lo que Dios en su providencia te dejó como herencia (Hch. 17:26-27)
No creo en el discurso “buenista” y “pacifista” del neopaganismo progresista. Creo en el Dios de la civilización judeo-cristiana, en Jehová de los Ejércitos, en el Dios del Pacto que desata su ira ante la injusticia y el abuso de los débiles (Prov. 6:12-19)
Venezuela, tienes todo el derecho a defenderte, porque tu gobernante está usurpando el lugar de Dios, y se auto proclama bienhechor de los pobres, cuando lo que más ha producido es miseria y dolor (Lc. 22:25)
Nicolás Maduro no solo es un dictador, sino que también es un ídolo, un dios falso, un anticristo, un “Herodes” que debe ser comido por gusanos (Hch. 12:23)
Por esto, por causa de la fe y del evangelio, los hombres libres, harán lo imposible para combatir toda forma de idolatría, y establecer el Reino de Dios sobre la tierra: taparán bocas de leones, apagarán fuegos impetuosos, evitarán filo de espada, sacarán fuerzas de debilidad, se harán fuertes en batallas, y pondrán en fuga ejércitos (Heb. 11:33-34) Y cuando ellos no estén, entonces lo harán sus hijos, los hijos de sus hijos, y así sucesivamente hasta que hayan conquistado su libertad. No hay príncipe, rey, demonio, fortaleza, o cadenas que puedan detener al ejército de Dios. Podrán azotarlos, aprisionarlos, encarcelarlos, apedrearlos, aserrarlos, ponerles mil pruebas, matarlos a filo de espada, pero mientras se mantenga la simiente de Dios sobre la tierra, siempre habrá un pueblo que luche por la libertad.
Llegará un día, en que la historia será testigo de la derrota y humillación de los hijos de la serpiente. El pueblo de Dios podrá perder mil batallas, pero la guerra jamás. Los enemigos de la libertad perderán el poder, toda su Babilonia se desplomará, y la Iglesia los juzgará.
Maduro: ya no serán tus camaradas los que administren justicia, ni tus cortes de utilería quienes dicten sentencia, sino que hombres libres te juzgarán. Y la providencia divina, comprobará una vez más, que Dios establece su poder y fortaleza en la boca de aquellos que no tuviste compasión alguna. Los niños y los que maman te condenarán.

“De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos, Para hacer callar al enemigo y al vengativo”
(Sal. 8:2)

 

 

Rev. Walter Vega Garrido, V.D.M.
Ministro Presbiteriano

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